Era un hombre

en un lugar del mundo cualquiera,

el más grande coleccionista

de lápices de la tierra ;

un hombre con poco equipaje,

apenas un instante

donde guarda la eternidad entera ;

un hombre con el olor de la lluvia

con un trozo de muñeca

y un temblor de manos

que dibuja un poema :

una mujer con el olor de la luna

maquillándose las trenzas.

El amor, con un manojo de letras,

hace nudos con las distancias ;

dos lenguas compartiendo

el flujo de la misma lluvia,

cómo si el agua los transformara

en una noche que se desnuda.

 

Un hombre y una mujer,

se reconocen en un dibujo que los mezcla.

 

El tiempo se prepara para dejarse acariciar...

...hasta la salida de la lluvia...