
Nació
con las rodillas torcidas
tropezando con la luz,
de sus huesitos limpios
descendían
muslos y piernas inútiles;
andaba
sin pies que la siguieran
y volviéndose lenta
-con las alas quebradas-
descubrió a que sabe la soledad;
viene
deslizándose por el brazo
con la risa caída
disuelta en un rebaño de nubes,
con la esperanza
- medio construida-
en un tiempo distinto
con pasos ligeros
infinitamente cansada...
hasta que un día
mordiendo las grietas del suelo
hiriendo las uñas en la tierra
descubre que aún es posible el día:
¡no se mueven los dientes que se iban a caer!
¡era hermosa en sus huesos cojos!
sin comprender...
tuvo en ti unos ojos serenos
un rostro se fijó en su días
y te llamó amor
...y sigue a mi lado...





